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Carnaval en Buenos Aires
En la actualidad la gente capitalina trata de mantener la tradición y celebrar los corsos de Avenida de Mayo. Y cada barrio porteño realiza sus carnavales al ritmo de las murgas (41 murgas desfilaron en los corsos de los barrios de Buenos Aires en el año 2006) que son infaltables entre serpentinas, papel picado, y hasta agua, harina y lanza-espumas, en estas fiestas en que por unos pocos días, el sentido común se trastoca y el Rey Momo es el soberano de la celebración.
Hay documentos que plasman el temor del poder a las sátiras, como este fragmento de La Prensa del 11 de febrero de 1872, que dice: "...Ocho a diez días, el Ministerio de Guerra ni come, ni duerme, ni vive tranquilo, turbado ante el posible ridículo en que le pondría la comparsa "Expedición al Desierto" que para estos días habían organizado algunos jóvenes diestros y alegres." Esta comparsa criticaba la mala política que se llevaba a cabo en las fronteras y la vida de miserias que llevaba el soldado. En épocas se consideró al carnaval cosa de negros, cosa del diablo, salvaje, denigrante e indecente. las autoridades virreinales borbónicas y el clero condenaron los juegos de agua, los bailes, los disfraces y máscaras. Pero esta fiesta que se convirtió en interétnica no pudo ser desterrada, y sobrevivió a las prohibiciones. Dice Página 12 del martes 31 de Enero de 2006: Un poco de historia
La murga porteña tiene una larga historia. Se estima que
ya en el 1600 había surgido como práctica, pero recién
en 1770 aparece documentada. Es en aquella época
precisamente cuando comienzan las prohibiciones, para
evitar las aglomeraciones espontáneas y callejeras. El
virrey Vértiz restringió candombes y carnavales en las
calles, “bajo pena de doscientos azotes y un mes de
barraca a los que contraviniesen”. El incendio en el
teatro La Ranchería, generado por un proyectil que
aterrizó sobre el techo de paja, generó la condena del
Carnaval por el gobierno y la Iglesia. Recién en 1854 se
reanudaron los bailes oficiales y en 1869 apareció el
primer corso oficial. El mismísimo Sarmiento participó
del desfile en carroza, y cuenta la historia que, en
medio de los juegos de agua, terminó todo mojado y
condecorado Emperador del corso. Para el comienzo del
nuevo siglo ya había 19 corsos locales, influidos por
las prácticas que los inmigrantes traían de sus tierras
natales. Y para 1920 la murga porteña ya había adquirido
sus características propias –con rasgos particulares en
cada barrio–, heredera de otras formas anteriores, como
el candombe de los negros, la zarzuela española, la
tarantela y las ganas de hacer de los protagonistas de
cada momento.
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