El Pujllay, danza del carnaval en Bolivia, principalmente en Tarabuco, es
también una celebración propia de la Quebrada y la Puna de la Provincia de Jujuy
en la Argentina, con características propias.
Todo comienza
cuando se cumple la ceremonia de desenterrar a Pujllay, el demonio carnavalero
de la tumba que lo alberga desde el año anterior. Entonces los diablos,
rutilantes en sus trajes de lentejuelas, espejos y plumas, empiezan a bailar con
entusiasmo al compás de bombos y charangos recorriendo los poblados, contagiando
la alegría de la fiesta recién iniciada. Después del desentierro, las comparsas
llegan al pueblo bailando con sus respectivos cantos y músicas, aceptan
invitaciones de bebidas en las casas. Al final, todas coinciden en un punto de
encuentro para bailar, cantar y desfilar.
Volcán, Tumbaya, Maimará, Tilcara, Uquía, Humahuaca y todos los pueblos de la
Quebrada ven entrar al carnaval por sus callecitas, mientras el ritmo del alegre
carnavalito serpentea en coloridas rondas.
Durante las noches, el jolgorio se atrinchera en los fortines para alojar el
baile y los juegos con talco, papel picado y serpentina. Los Fortines tiene sus
particularidades, los realizan familias tradicionales del lugar, cada día una
distinta, en un lugar cerrado, con bebida, cordero asado, picantes, papas
andina, queso de cabra, humitas, tamales, locro, empanadas y llajua.
La fiesta comienza al mediodía con el almuerzo; al ingreso del fortín se recibe
al invitado con la tradicional “vacuna” -un cóctel dulce de bebidas
alcohólicas-, para eliminar la envidia, los celos, la tristeza y todo lo malo;
luego se procede a la lectura del reglamento fortinero, donde se exige al
convidado a olvidarse de las penas y comprometerse con la diversión.
Concluido el almuerzo empiezan los festejos, siempre bajo el mando del bastonero
de turno, quien tiene la misión de llevar adelante la alegría del fortín,
imponiendo los pasos a bailar, obligando a los presente a divertirse y
castigando con el “fusilamiento” a quien desobedece sus órdenes – el
fusilamiento consiste en sancionar al infractor con un vaso de vino, chicha o
cingani, haciéndolo sentar en el medio o en el lugar más visible, donde debe
cumplir con la sanción.
Los festejos de la Puna se visten también de diferentes rituales y costumbres
con idéntico significado. Erques, cajas y ranchos que abandonan su mutismo de
piedra para llenarse de ruido, simbolizan el carnaval del Altiplano.
En La Quiaca, el carnaval es una de las manifestaciones folclóricas más
importante, verdadera síntesis de originalidad, colorido y alegría popular. Las
comparsas, que recorren las calles, son muchas, con diferentes nombres y atuendo
típicos.
Allí la fiesta conserva pura su esencia y se muestra tal cual es: una repentina
expresión del alma popular, que durante esos días olvida su gris existencia
cotidiana y se entrega al diablo bailando y bebiendo con alegría desenfrenada,
para perderse después en la soledad de la Puna.
Descripción
del carnaval jujeño publicada el 03 de febrero de 2007 en el diario digital
"Jujuy al Día".
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