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ESTRUCTURA DE LAS COMPARSAS Las comparsas de Gualeguaychú tienen un límite de 280 integrantes ( ampliado en 30 desde 2007) como máximo y un tope de cuatro carrozas y cuatro trajes de fantasía. Esta limitación también ha sido establecida por razones económicas aunque muchos discrepamos con tal criterio, porque puede afectar el crecimiento futuro del espectáculo. Cada año elaboran un tema o argumento que se desarrolla a través de sus distintas partes. Generalmente abre el desfile un grupo llamado comisión de frente, compuesto por figuras muy visibles y trajes impactantes que teniendo relación con el tema, buscan predisponer al espectador. Puede estar precedida de una figura individual que va al frente. A partir de 2007 este tramo de la comparsa cobra mas relevancia, por cuanto será la única parte a tomar en cuenta para evaluar el rubro “baile”. Luego viene la carroza de apertura. Esta contiene generalmente una presentación del tema y es frecuente que lleve en su parte delantera el nombre de la comparsa. Las dos carrozas intermedias están vinculadas temáticamente a alguna de las escuadras y la de cierre conlleva generalmente un mensaje final integrando un solo conjunto con la batucada. Luego se ve la pareja de embajadores. Son una chica y un varón con vistosos trajes que suelen tener en alguna parte de sus atuendos, los colores o algún símbolo de la entidad patrocinante. Está tomada de la portabanderas y maestro de sala del carnaval carioca. La mujer es portadora de la bandera y el varón baila alrededor de ella, haciendo pleitesías con un gran abanico, no sólo a la chica sino a la bandera. Enseguida comienzan las escuadras, generalmente comandadas por una figura o pareja de bastoneros. Cada una representa un subtema dentro de la comparsa, que va simbolizado en el espaldar, tocado, pollera bahiana y a veces hasta en los brazaletes o calzado. Algunas escuadras se complementan con una carroza alusiva y estas totalizan cuatro por comparsa, constituyendo estas por su tamaño y esplendor, uno de los aspectos mas destacados del Carnaval del País. Espaldares y tocados: Un rubro a tenerse en cuenta especialmente por el espectador es el de los espaldares y tocados. Se llama espaldar al aditamento que los integrantes llevan sobre sus hombros y espalda, donde se asienta la mochila. El tocado es lo que cubre su cabeza. También hay pectorales o pecheras, hombreras, brazaletes, cintos, taparrabos, tangas, caireles, botas etc. La importancia de los espaldares y tocados, aparte de su belleza, es que en ellos generalmente va simbolizado con alguna figura, lo que el integrante (o toda la escuadra) representa. Por eso, conociendo el tema de la comparsa, hay que saber buscar en los espaldares , tocados etc. sus significados. En algunos casos la representación puede estar en los brazaletes o hasta en las botas. Cada comparsa tiene sus talleres de espaldares y tocados con sus respectivos especialistas. Un buen espaldar no solo debe adaptarse al cuerpo de la persona, sino además ser sólido y liviano a la vez, para que no se rompa (sucede en las mejoras familias) y permita bailar cómodamente. Muchas cicatrices o apósitos en los hombros, bailarines que van como inclinados por su peso, o bien que llevan sus tocados en la mano porque les molesta, pueden ser signos de alguna falla de confección. Cuanto menos se ve de la estructura de un espaldar, mejor hecho está. Si un espaldar tiene plumas en el frente y no en la parte posterior dejando ver la mochila, algo le ha faltado: O bien es la primera noche, o faltó plata. Los trajes de fantasía: También llamados destaques, son los más espectaculares de la comparsa, por su tamaño y lujo. Van temáticamente integrados a una determinada escuadra o carroza. Generalmente su peso impide bailar a sus portadores, que se limitan a acompañar suavemente el ritmo. Es un arte saber pasear un traje haciéndolo circular para que se vea en todas sus partes. LLevan varias ruedas, para poder avanzar aliviando la carga y algunos tienen luz propia. Los hay de dos tipos: los de piso ya descriptos , y los que van en las carrozas. Estos últimos suelen llevar el espaldar desprendido de su portador para que pueda moverse, pero en la fiesta especial donde compiten estos trajes, deben bailar con el espaldar puesto. Suelen alcanzar un peso de mas de 80 kilos, llevan hasta 2.500 plumas y varios kilos de lentejuelas bordadas una por una con mostacillas, además de piedras, perlas y otros elementos, que al algunos casos superan las 500.000 piezas. Están prohibidos los destaques tradicionales, portadores de personas sobre ruedas. Los que se verán en este carnaval son en realidad grandes trajes de fantasía con ruedas, pero la única persona que los porta es la que los empuja al desfilar. En otras palabras: acá la única persona que lo porta, empuja al traje; en el destaque clásico, este lleva a la persona arriba, y es empujado por otros. Finalmente están los trajes fantasía que van en las carrozas y solamente se los baja la noche de la competencia en ese rubro, junto con la elección de la Reina. Aderezos: Es una nueva modalidad habilitara por el reglamento desde 2007. Se llama así al traje que sin llegar a ser un destaque, se apoya sobre ruedas ( hasta 3) en razón de su peso. Se permiten hasta 6 por comparsa, que podrán desfilar en conjunto formando una escuadra o bien en forma aislada. Las plumas: Las plumas más usuales son las denominadas amazónicas o africanas. También las de faisán, (ésta es la más costosa) pavo real y las más chicas llamadas rabo de gallo. Se usan con sus colores naturales o bien teñidas. La pluma blanca es siempre nueva. En cambio las de colores oscuros, muy probablemente han sido teñidas más de una vez. El proceso al que se somete la pluma en las comparsas constituye una pequeña industria con sus distintas piletas, secaderos, colgaderos, peinado, teñido y otras tareas, las que han generado toda una especialidad, cargo de los plumeros. La orquesta: Va en una de las carrozas y la vestimenta de los músicos se corresponde con el tema carrocero. El sonido se trasmite por FM a la red de parlantes del circuito, que lo difunde a lo largo de toda la comparsa con exclusión de la parte final, donde desfila la batucada. Los temas musicales hoy día son propios y compuestos por las mismas orquestas. Hasta hace unos años, predominaban temas musicales nacionales o extranjeros popularmente impuestos, a los que se les reemplazaba la letra introduciendo la de la comparsa. El carnaval de Gualeguaychú ha ido buscando su personalidad musical. Ha tenido influencias de Brasil, Corrientes, Uruguay, pero el público demanda un ritmo movido que levante los espíritus e invite a participar. En algunas comparsas se ha llegado a la siguiente transacción: una parte muy movida, alternada con un tramo de samba para luego renacer el ritmo acelerado. También se ha impuesto estos últimos años, el inserto temático: Dentro del tema musical base, se ensambla un tramo de música propia del tema (africana, árabe, etc).Todo ello determina los pasos de baile. La Reina: Va generalmente en una de las carroza, aunque a veces se la ve bailando en el piso. Lleva algún símbolo, corona, diadema etc. que la identifica como tal, aunque el mejor indicador de su presencia es la belleza. Después de la elección de la Reina del Carnaval, desfilan con la corona y o banda que les ha correspondido. Pasistas: Cada comparsa tiene una pasista principal que baila delante de la batucada, siguiendo su ritmo. Generalmente va acompañada de algún varón, o bien un cuerpo de baile. Comisión de batucada: Se llama así al grupo que va bailando al ritmo de la batucada, precediendo a la pasista, que generalmente va junto al director de batucada. Evaluación de las comparsas: Está a cargo de un jurado integrado por personalidades de reconocido prestigio nacional o internacional del mundo de la cultura, en distintos rubros: escenógrafos, vestuaristas, pintores, arquitectos, músicos etc. Nunca se incluyen jurados residentes en Gualeguaychú. Cada fin de semana actúa varios jurados, dividiendo su labor, de modo que los músicos evalúan sus rubros, los vestuaristas los trajes, los escenógrafos las carrozas etc. Estos últimos años se ha reducido cada jurado semanal a cuatro personas por los motivos ya explicitados. La responsabilidad de su selección, está a cargo en 2007, de la Prof. Lidia Meillard y Néstor Santinón. Al elaborar su calificación dejan su planilla en sobre cerrado en manos de un Escribano. El fallo de cada jurado a partir de la reforma de 2006 debe ser fundado; en caso contrario será nulo Al fin de semana siguiente vienen otros y así sucesivamente de modo que el total de jurados alcanza a los 9 fines de semana. Terminado el carnaval, el día martes subsiguiente (6 de Marzo) se abren los sobres en acto cerrado (pero difundido en directo) con presencia del escribano y representantes de los clubes. Los integrantes, directivos y sus respectivas barras se reúnen en sus locales a presenciar la transmisión y van palpitando los resultados planilla por planilla. Los rubros generales que el jurado evalúa son cinco: a) Carrozas, con los siguientes ítems: alusividad al tema, proporciones, formas , color, iluminación, construcción y terminación .Se evalúa individualmente cada una de las cuatro carrozas con puntaje mínimo de 1,5 ( hasta 2006 era 1 el mínimo) y máximo 2,5. Es decir que para las 4 carrozas la sumatoria puede ir de 6 a 10 pts. por cada noche. b) Vestuario , con los ítems: diseño, confección y fidelidad al tema; el puntaje va de 6 a 10. Abarca todo: desde los zapatos hasta el maquillaje; c) Música incluyendo: letra, melodía, canto, ejecución, d) Baile, que incluye espíritu carnavalesco y expresividad corporal. Estos dos rubros se puntúan entre 3 y 5 pts por noche. A partir de 2007 se incorpora un nuevo rubro: e) Puesta en escena que se refiere el orden general en el paso de la comparsa y estará a cargo de un escenógrafo. Por esa razón cada noche actúan cinco jurados, en lugar de los 4 que lo hacían hasta 2006. La importancia de este nuevo rubro no es desdeñable: el puntaje va de 8 a 10. En forma adicional a su rubro específico, el jurado de baile también evalúa a las pasistas y el jurado de música, a las batucadas. Pero estos dos rubros compiten por separado ya que no suman por sí en el puntaje general. Por contener datos que pueden resultar de interés al lector foráneo, se transcribe a continuación el epílogo del libro Calidades Dormidas: EPÍLOGO: Y bien, hemos finalizado esta recorrida por el pasado de nuestro carnaval. Mucho es lo que quedó en el tintero, para próximas oportunidades y para otros autores. Sin embargo, quien se haya tomado la molestia de leer este librito, tendrá una idea de lo que fueron antes nuestros corsos y cómo nacieron las cinco actuales comparsas. Como verán, lo expuesto en la primera sección, no difiere mucho de lo que pueda narrarse sobre los corsos de cualquier otro pago provinciano. Salvo en lo que respecta a la pseudo comparsa Los Bichos, porque no es muy común el derroche de humor que ha caracterizado la vida de los gualeguaychuenses. En cambio, lo que se relata en la segunda parte, nos señala una evolución muy singular. ¿Acaso no es admirable, cómo una murguita infantil, alcanza en cuatro años, tan descollante lucimiento? ¿O que una competidora triunfara desde su debut, con un nivel excepcional? ¿Cómo se explica que un sencillo corso de pueblo, que venía en franca decadencia, se convirtiera tan rápidamente, en la mayor atracción del país? Formulemos el interrogante de otra manera: ¿Qué tenía Gualeguaychú para poder generar esta muestra de inagotable creatividad? Algo hemos adelantado a lo largo de estas notas, pero ahora agregamos desde una perspectiva actual y a modo de redondeo, nuestra opinión sobre algunas causas de ese surgimiento. EL ACIERTO DE UN VISIONARIO Cuando Ike Daroca propuso un nuevo modo de organización de los corsos, lo hizo con el propósito de posibilitar mayores inversiones en el espectáculo. El derecho a cobrar la entrada por parte de los organizadores, más la exigencia a estos, de presentar algún espectáculo, fueron la combinación que abrió las puertas. Hasta entonces, sólo un Quijote como Ike, podía lanzarse a un emprendimiento de ese tipo. Pero a partir de 1978, con los recursos asegurados, podían planificarse mayores gastos, proyectos mas ambiciosos, y dar rienda suelta a la imaginación. Sin embargo, los resultados no aparecieron de inmediato. Se fueron insinuando en los años siguientes, aunque a un ritmo que preaunciaba la explosión. Y ésta vino en 1981, año que hemos denominado el gran estallido. Para que este salto se produjera, no sólo era necesario contar con recursos. El arte, la creatividad y el buen gusto, no nacen al solo influjo del dinero. Por el contrario, cuando éste sobra y falta talento, suelen producirse mamarrachos monumentales. Pero Gualeguaychú tenía bajo tierra, un yacimiento de belleza contenida formado a lo largo de muchos años, que aún no había emergido. Eran calidades que estaban allí dormidas y un día saltaron a escena en vigorosa elevación. Así las definía recordando a 1981, Jorge Cháves, sin pensar que con esa expresión, titularía un futuro libro, que no estaba por entonces en la intenciones del autor. Eran calidades logradas con perseverante labor, por miles de jóvenes gualeguaychuenses , a través de un una fiesta tradicional que les pertenece, próxima a cumplir cuarenta años.
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