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LA COMPARSA POR DENTRO Actualmente el mundillo del carnaval del país, dista mucho de lo que fue en sus inicios. Allá por 1981 nadie cobraba, todo se hacía en forma amateur. Por el contrario, hoy casi todas las tareas son remuneradas. Algunas comparsas pagan incluso a sus integrantes por cada noche de actuación. Podemos decir sin exagerar, que cada una es actualmente sustento de unas 400 personas, si se tiene en cuenta toda la obra de mano agregada , que el gran público no ve realizar. La inversión total de cada año, sin computar los elementos ya acopiados, oscila en los 300.000 Pesos (o dólares). Para darse una idea de la gigantesca tarea, observemos el siguiente dato. Un traje de fantasía de los de mayor envergadura, puede llevar hasta 500.000 piezas, contando, lentejuelas, mostacillas, canutos, pedrería y plumas. Solamente en lentejuelas, cada comparsa lleva varios millones y uno por uno, esos elementos son enhebrados en forma manual.- El stock acumulado de materiales, representa un valor importante. Baste decir a modo de ejemplo, que cada comparsa posee unas 40.000 plumas, entre las amazonas, de pavo real, o faisán, siendo estas las mas costosas. Los espectadores de nuestros corsos, generalmente desconocen la densa y paciente labor de muchos meses. Finalizado el carnaval, los clubes se dedican a desarmar carrozas, trajes, espaldares y a guardar los elementos reutilizables. Luego se lanzan a la búsqueda del próximo tema. Examinan carpetas, reciben propuestas e inquietudes y una vez hecha la elección, empieza nuevamente la obra. Todo el trabajo es artesanal. Por un lado, funcionan los talleres de costura y por el otro, la sección carrozas. Cada una de las comparsas tiene su propio taller y dentro de estos hay distintas secciones de trabajo: costureras, bordadoras, cortadoras, perleros (los que aplican perlas), modistas etc. Otro grupo confecciona los espaldares, dividiendo la tarea entre quienes sueldan las estructuras, (también se usa mimbre para alivianarlas), y los plumeros, que acondicionan las plumas, o las tiñen en épocas de crisis. Fuera de esos locales, decenas de costureras y bordadoras hacen trabajos en sus domicilios, al igual que zapateros, tocadistas, etc. Todos perciben su paga, diferenciada de acuerdo a la cantidad y calidad del trabajo. La organización en los talleres de comparsa, les da un notable parecido con las empresas. Tienen sus materiales y elementos prolijamente almacenados, y cada uno se encuentra en su cajón o estante, por tamaño, color marca y calidad. Todo ello se registra en un inventario con control de reposición y órdenes de compra , haciéndose constar en planillas. El grupo de trabajo es supervisado por la presencia permanente de los responsables y se controla mediante el cumplimiento de horarios, trabajo entregado, u otras modalidades. Algunos uniforman a su personal. Cada pieza o elemento, pasa por un riguroso control de calidad. Desde probar la resistencia de materiales en un chasis, hasta controlar la densidad y de las lentejuelas colocadas en un mandil. Para esto se recurre a una forma sencilla e ingeniosa: se examina la pieza al trasluz y de esa forma de detectan baches, en el recubrimiento. En ámbitos separados funcionan los talleres de carrozas. Los estudiantes que se incorporan a las comparsas, entran en un mundo diferente. Ya no tienen como principal problema, la escasez de recursos, sino que estos están a su disposición con holgura, pues el carnaval mueve sumas cuantiosas. Tampoco tienen limitaciones de tamaño, de modo que pueden dar rienda suelta a su creatividad. Cuentan también con personal especializado en todas las etapas de la construcción: soldadores, herreros, empapeladores y en algunos casos con la asistencia de Ingenieros. De este modo, si de estudiantes pudieron construir magnificas carrozas, ahora producen esas obras colosales que caracterizan al carnaval de Gualeguaychú. También en estos talleres, vemos cada año las innovaciones técnicas que se van imponiendo, al igual que los novedosos materiales. Puede decirse que el telgopor y la gomaespuma, son la base de los elementos de una carroza. Y asombra observar la pericia con que los talladores de telgopor desbastan enormes masas con singular celeridad, utilizando como única herramienta un hilo candente de alambre micronado. Luego viene el trabajo fino realizado con cúter, elementos cortantes mal llamados trinchetas, y cuando la pieza está lista, la toman los empapeladores, antes de pasar a la sección pintura. En la etapa final de la carroza, entran los electricistas, iluminadores y sonidistas, aunque estos últimos, han reducido su actuación a la carroza de los músicos, por el nuevo sistema de audio instalado en el corsódromo. Por si faltara algo para la semejanza entre comparsas y empresas, la competencia les obliga a mantener ciertos secretos industriales, siendo el mas guardado, el relativo al futuro tema. También se suelen preservar del conocimiento de los colegas , las nuevas tecnologías que se inventan año a año, al igual que el descubrimiento y uso de novedosos materiales, en la búsqueda permanente de economía, menor peso, facilidad de moldeo y efecto visual. Se observa entonces, cómo algunos materiales, pensados para otros usos industriales, son hábilmente adoptados por las comparsas. Así vemos como se generaliza el uso de la fiselina y el estafón como entretelas para el armado, cuando no se emplea también alambrina, para mantener la forma. Rebordes vistosos en tocados y espaldares, tienen como base el telgopor cilíndrico, cuya flexibilidad lo hace muy funcional en variados usos. Cada año aparecen versiones innovadoras en lentejuelas, cuya calidad se supera constantemente, con formas y tamaño que difieren de las clásicas, por su convexidad, brillo multicolor, contornos florales y colores inéditos. Lo mismo ocurre con mostacillas, canutillos y pedrería. Últimamente se está incorporando un material transparente, con un brillo holográfico de impactante resultado, llamado papel cigarrillo. No obstante todo ello, el espionaje no puede evitarse y en definitiva los avances tecnológicos se generalizan a la competencia, por lo cual hay que procurar nuevos hallazgos. Algunos adelantos provienen de las carrozas estudiantiles, porque el ingenio de los jóvenes no tiene límites: pero generalmente es al revés , ya que las comparsas, tienen mas acceso a las novedades foráneas y si no resultan muy costosas, son adoptadas luego por los estudiantes carroceros. Se da así, una mutua retroalimentación entre ambos mundillos. Exhibiendo otro rasgo típicamente empresarial, una de las comparsas, ha montado su propio Departamento de Relaciones Públicas. Su gama de actividades recorre desde algunos presentes a modo de regalos empresarios, a la distribución masiva de objetos publicitarios. Muchos ejecutivos locales podrían inspirarse en sus programas. Hasta acá todo muy parecido a cualquier empresa industrial. Pero hay enormes diferencias. En un taller de comparsa sus operarios conviven durante muchas horas. El clima y la labor son propicias para el diálogo fluido y pronto se alcanza un marco de franca amistad. Surgen así, lazos solidarios muy firmes y un arraigado sentido de pertenencia. En un taller de comparsa todo se comparte: las tristezas, las alegrías. Todo. ¿Será por eso que ambas palabras tienen la misma raíz? Y ahí radica la nota diferencial con las empresas, pues por encima de la profesionalización alcanzada, en el fondo una comparsa, es una gran familia. Cuando se acerca el carnaval, aparecen decenas de chicas y muchachos a probarse trajes y ayudar, trayendo el clima bullanguero de sus ensayos. Es como cuando en una casa aparecen los hijos: la familia se agranda. Y entre los jóvenes integrantes de la comparsa se genera el mismo clima de amistad e identificación. Es la camiseta. En los tramos finales, el grupo aumenta su ritmo de trabajo en franca lucha contra el reloj. No obstante todos los esfuerzos, el primer día de corso, algunas comparsas salen bastante incompletas. Algunas pagan a todos sus integrantes. Otras, solamente a las pasistas o bastoneras mas destacadas, pero todas abonan a las batucadas y obviamente retribuyen bien el trabajo de los músicos. Durante la salida de la comparsa, mucho personal rentado se incorpora o cambia sus tareas. Así, tenemos los empujadores (se suelen emplear más de 50), aguateros, distintos servicios de mantenimiento durante el desfile, que en caso de emergencia actúan con celeridad, desde la rotura de una carroza, la descompostura de un grupo electrógeno, problemas de sonido, o simplemente el desprendimiento de una pluma o la suela de un zapato. Junto a las modistas caminan también las peinadoras y maquilladoras listas para cualquier repaso. Dado que lo principal es la persona de los integrantes, resulta fundamental el papel de quienes les acompañan, munidos de elementos de auxilio, como aerosoles, desinflamantes, aspirinas, curitas, vendas, etc. Todas estas tareas remuneradas, más orquesta y batucada, hace que cada salida de comparsa, cueste entre cuatro y seis mil pesos (o dólares), suma que se adiciona al costo de montarla. Otra diferencia: mientras el personal de una fábrica, espera ansioso las vacaciones, en las comparsas cuando tienen las suyas, ¡se bajonean!: En efecto: después que el carnaval ha finalizado, y con ello las tareas de desarmado y almacenamiento, sobreviene un período especial, denominado bajón de abril. Porque se habitúan tanto al ritmo de todo el año, que durante ese mes sienten un raro vacío y depresión, que les dura hasta que se retoma la tarea. Hay otra nota distintiva, que las separa de una empresa. Sabido es que estas últimas, aún las llamadas de familia, asumen formas sociales, que separan su patrimonio del de sus socios, de modo tal, que el riesgo empresario no arrastre sus bienes personales. Sin embargo, es frecuente que en años malos cuando el resultado ha sido adverso para la comparsa y se necesita capital de trabajo para la temporada siguiente, sus directivos contraen cuantiosas deudas personales y hasta hipotecan sus casas de familia, para apuntalar a su obra. Otra nota diferencial, es el destino de las utilidades. Excluyendo lo que se reinvierte en la comparsa, el resto va a emprendimientos deportivos, educacionales, sociales o culturales de las entidades patrocinantes, ya que así fue concebida la organización del carnaval, desde 1978. Y mientras en una empresa los directorios perciben la crema de la torta , acá los directivos, son los únicos que trabajan ad honorem. Pero en serio: sin gastos de representación. A tal punto, que algunos circulan desde hace años en autos que se caen a pedazos, o a pie. Y no es que esconden la leche. Acá eso es imposible: todavía somos pueblo chico. LOS TIEMPOS CAMBIAN Quedaron atrás aquellos corsos señoriales de palcos y ramitos que vieron nuestros abuelos. También, los mas recientes de caña y papel, a los que sus herederos no quieren enterrar del todo. Y ya vamos peinando canas, los que presenciamos el estallido de 1981. El tiempo con sus cambios, ha convertido a aquel festejo lugareño casi familiar, en un acontecimiento trascendente en términos artísticos y económicos. Pero en compensación por lo que se fue, vino de la mano del nuevo carnaval, una bienhechora fuente de recursos, que da empleo y sustento a miles de hogares gualeguaychuenses, sobre todo en épocas de crisis. Porque no solamente quienes trabajan en comparsas, reciben el beneficio. Hay un efecto multiplicador, que se irradia a toda la comunidad. En las últimas temporadas han ingresado a Gualeguaychú por vía del turismo, cifras que rondan los ocho millones de pesos (o dólares). Sólo un 40 %, ingresa al circuito del carnaval. El resto, es decir la mayor parte, alimenta al comercio y los servicios, redistribuyéndose por toda la ciudad. Y lo que es mas importante: el nombre de Gualeguaychú brilla con luz propia en el escenario nacional. Los tiempos cambiaron y el desborde de exuberante belleza y colorido, sepultó en el pasado aquellas estampas románticas y pintorescas. Para que no queden en el olvido definitivo, para que se recuerde a esos heroicos copoblanos que animaron los viejos corsos de la 25, como también a los que luego posibilitaron el gran salto del 81, y para que otros autores mejoren esta tarea, se ha hecho este libro. Ojalá cumpla ambas misiones. Gualeguaychú, Octubre de 1997.” (Extraído del libro CALIDADES DORMIDAS, notas retrospectivas del carnaval de Gualeguaychú publicado por Gustavo Rivas en 1997)
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